Es la hora de mirarnos los unos a los otros y vernos qué somos y hacia dónde vamos

Sin dudas que los cambios vertiginosos que se están dando en nuestros tiempos, están impactando más profundamente que en tiempos pasados.

 

Pero parece que no poco o nada hemos aprendido de esos tiempos que, contrariamente a lo que decían nuestros mayores: “todo tiempo pasado ha sido mejor”, el avance del presente y las perspectivas del futuro, siempre tienen su mayor impacto, positivo o negativo, cuando realmente somos capaces de reconocer y aceptar, los errores y los aciertos de ese pasado, y buscamos mejorar con acciones que tienen que ver con el sentido de integración social, y no individual.

 

Entonces, estamos viendo que, como sociedad, ponemos mayor énfasis en los desafíos individuales, antes que en lo social. Como decía una docente, cuando trataba de enseñarnos que el TODO está compuesto por la suma de todas las partes: “QUÉ PARTE DEL TODO NO ENTENDISTE”.

 

Nuestro país está sufriendo las consecuencias de vivir en una sociedad dividida, con objetivos en alcanzar el éxito personal y sin criterios de ética y moral. No importa alcanzar el éxito o la acumulación de bienes personales, a costa de denigrar al que está a tu lado.  Eso nos hace perder de vista de que fuimos, bien o mal, para estar o cómo estar en el día de hoy.

 

No miramos las luchas y las vidas perdidas, o sangres derramadas, para que hoy tengamos un mayor bienestar y calidad de vida. Los derechos y dignificación como personas y como sociedad, hoy los estamos tirando al tacho de la basura. Perdimos la memoria como pueblo; y un pueblo sin memoria activa, está condenado irremediablemente al fracaso, porque no tiene futuro. No aprendimos nada...no tomamos consciencia de lo que fuimos, de dónde venimos y cuánto costó llegar a ganar lo que tenemos.

 

Estamos perdiendo la batalla cultural. Estamos perdiendo el sentido heroico de la libertad, de la conciencia social como pueblo, y nos estamos convirtiendo en un número más, en la lista de los que son serviles a los intereses de acumulación de riqueza y beneficios de unos pocos.

 

Y hoy vemos que, en nombre de la democracia algunos dirigentes políticos, y responsables del gobierno de nuestro país, se arrogan el mandato del pueblo para denostar las instituciones de la democracia y la constitución.

 

Sin embargo, por el intenso bombardeo de un futuro de fantasía, por todos los medios y redes sociales, el gobierno de Javier Milei y sus circunstanciales aliados, piensa avanzar con el mayor ajuste de la historia del país aún si con ello tengan que pisotear la Constitución y los derechos.

 

Con la prueba que vivimos este viernes, con la aprobación de la “reforma laboral”, y vemos que la reforma mencionada, se da “de geta “como decimos en el barrio, con el cierre de fuentes de trabajo, con cientos de miles de trabajadores desempleados.

 

La misma gente que votó a este gobierno por creían que iba a llevar un profundo cambio en el país, hoy ve que el cambio no es otra cosa que la enajenación de los recursos de la Argentina.; la marginalidad de la mayoría de los argentinos, es una muestra cierta de que el país que quiere Milei, es otro donde lo normal será la exclusión de todo derecho y beneficio, siendo la casta, que vino este gobierno a combatir, cambió de segmento social. Acordó con “la casta y ratas de la política”, con grandes beneficios, y recluyó a un futuro sin futuro venturoso a la gran mayoría de los argentinos.

 

Y está teniendo éxito en sus objetivos, ya que dividió a la sociedad argentina con una lucha donde nadie sabe por qué. Sólo saben que ...”es anti...a mí no me toca” ... hasta que, cuando quieran darse cuenta que ya van por todos y sobre todo por él, es demasiado tarde.

 

Cuando no miramos al otro, cuando olvidamos de dónde venimos...quiénes somos, no lleva a esta lamentable desintegración social y de Nación, hemos perdido la batalla cultural, social y política y económica de un pueblo realmente libre, como quisieron nuestros padres de la Patria.

 

Pero por suerte sé que aún hay mucha reserva moral de nuestro pueblo que sabrá encarrilar esta difícil situación y superar los efectos de la angurria de unos pocos, para renacer con una Argentina con crecimiento y desarrollo con la inclusión de todos y cada uno de los argentinos que viven en esta tierra tan rica y generosa. Porque la lucha no sólo es necesaria, sino fundamental para tener fe en nosotros y en nuestras capacidades para construir nuestro futuro con la integración de todos los argentinos y sin grietas que tenemos que cerrar para el bien de todos.