El primero de mayo, además del Dia del Trabajador, en nuestro país, se conmemora también el Día de la Constitución Nacional. En este aniversario nos encontramos que tanto el derecho del trabajo como la Constitución Argentina están sufriendo un furibundo ataque por parte del presidente Javier Milei como no se recuerda en la historia argentina.

Milei, aupado en el andamiaje de su ideario anarcocapitalista, lo dice sin ambages: “Siento un profundo desprecio por el Estado”, agregando que “El Estado es una asociación criminal que utiliza el monopolio de la violencia para robar los recursos del sector privado”. Enfatizando que “el Estado es la asociación criminal más grande del mundo… cada vez que vas a comprar algo tiene impuesto y el Estado te lo roba”. Por último, como si fuera parte de un truculento plan afirma: “Hay que entrar al sistema para dinamitar al Estado”.

 

Una definición simple de Constitución nos dice que “Es el fundamento del orden jurídico de un Estado. Es la ley suprema de un Estado soberano, en la que se estructura la organización y funcionamiento de las instituciones políticas y se garantizan los derechos de las personas”. Por simple deducción, es posible afirmar categóricamente que Milei no cree en ninguna Constitución, ya que contradice su confesado anarquismo.

 

Expresamente Milei ha sostenido que la Justicia Social (concepto incluido en nuestra Constitución) es una “aberración” y que el artículo 14 bis es un “cáncer” que va a extirpar mediante su derogación. Nos preguntamos qué es lo que molesta al líder libertario en el artículo 14 bis: ¿Que establece condiciones dignas y equitativas de labor? ¿Qué dispone la jornada limitada? ¿el salario mínimo? ¿la retribución justa? ¿la protección contra el despido arbitrario? ¿los descansos y vacaciones pagos? Ignora el libertario que de nada le serviría una hipotética derogación del artículo ya que son derechos consagrados en innumerables documentos internacionales ratificados por todos los países civilizados del mundo (incluido el nuestro, aunque no sea tan civilizado a la luz de las exóticas ideas de sus líderes).

 

Tanto los derechos del trabajador, como el logro de un Estado de Derecho basado en una Constitución, son el fruto de un largo y angustioso camino de la humanidad, que difícilmente pueda ser desandado por la imposición de estrambóticas doctrinas.

 

El pasado 10 de diciembre, cuando Milei juró como presidente de la Nación, un detalle pasó inadvertido para la mayoría de los asistentes. La fórmula de juramento está incluida en el artículo 93 de la Constitución y de acuerdo con el mismo, se jura “desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de presidente de la Nación y observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina”. Ahora bien, la fórmula concluye con el clásico: “Si así no lo hiciere, que Dios y la Patria me lo demanden”. Lo curioso y no advertido fue que Milei omitió cerrar con esa frase su juramento. ¿Será porque presintió que Dios o la Patria lo demandarían si triunfa en su intento de destruir el Estado y su Constitución?