Todo hierve. El sol casi vertical transcurre en su punto más cercano a la tierra justo sobre Santa Victoria Este. La falta de cobertura boscosa tampoco ayuda. El suelo se resquebraja o se descompone en pequeñas partículas tan pequeñas que quedan flotando en el aire por minutos y todo lo contaminan, lo tapan. Los dientes rechinan como con arena y la ropa comienza a acumular polvillo en cada costura.

El chaco es así, duro, pero sobre todo seco y caluroso.

 

Su gente también es dura. Sean criollos o aborígenes se han acostumbrado a vivir con este clima que cada tanto ameniza con un desborde de sus grandes ríos y allí todo es agua. Pero océanos de agua que llegan al horizonte, llevándose todo, vacas, chivos, colchones, todo lo que no está colgado de los árboles. Si algo no sabe el chaco es ser moderado.

 

La otra cosa que abunda en el chaco es el abandono. Un abandono sistemático, persistente, acostumbrado, hasta voluntarioso por abandonar. Un abandono que sin hablar te dice en la jeta: YO TE ABANDONO.

 

Con el triste fallecimiento de estos niños se despertó en la sociedad y particularmente en las autoridades, algo de conciencia de este abandono crónico al que se somete a ciertos pueblos. Antes era al “opa guardado” en la pieza del fondo de la casa. Ahora es esto. ¿A dónde está el problema cultural?

 

Todos ensayan sus diagnósticos. El problema es el agua o la comida o el sistema de salud o que son vagos o la falta de educación o la pobreza o, el peor de todos, es un problema cultural, capaz que son sus padres los que los esconden para que no los vean.

Cada una de estos argumentos es el reflejo de lo que dije más arriba, es consecuencia del abandono al que se ha sometido a todos los pueblos de la región, originarios o no.

 

Abandono es que las ambulancias no lleguen porque se rompen, los docentes tomen un agua que me gustaría que tomara el Gobernador, que los caminos sean intransitables, tal vez porque la plata para mantenerlos se la gastaron los intendentes en la última fiestita patronal, o en su camioneta, o tal vez porque no hay plata.

 

Abandono son pozos de agua incompletos, planes de desarrollo inexistentes, emergencias sanitarias para sequías, invertidas con un año de atraso. Abandono es ir ahora que estamos en crisis y no volver nunca más. Tal vez el año que viene no “se nos muere” ninguno y zafamos. Tal vez los podemos abandonar del todo y sin que nadie se dé cuenta, el problema desaparece. ¡Pif! No está.

 

En una oficina de “la lomada” un funcionario reacciona: “Che nos mandan 400 palos para los wichi, ¿Quién hace la licitación?”. Los abandonos tienen también una causa.