Ignacio “Lula” Da Silva pierde la primera vuelta de las elecciones.  ¿Y a vos qué?

El mundo de los medios se vuelve loco, tratando de sacar enseñanzas que puedan repercutir en la Argentina. Que puedan anticipar los resultados del año que viene.

 

En un país que parece que todo va a estallar todos los días, este juego de imaginación es inútil. Lo que si podemos hacer es evaluar qué pasó y tratar de sacar de allí tendencias, ideas generales que nos permitan mirar hacia uno u otro costado antes de la colisión.

 

Primero lo primero: ¿Qué pasó?

 

En Brasil el padrón creció en 2,3 millones de electores.

 

A pesar de buena parte de las encuestadoras, no todas, Flavio Bolsonaro superó a Lula por casi 2 puntos.

 

Comparando con las elecciones generales de 2022, lo primero a desmitificar es que no hubo más polarización ahora que entonces, en ambos casos los 2 principales candidatos reunieron poco más del 91%.

 

Tampoco el ausentismo fue mayor. Es decir que estamos en un escenario parecido en cuanto a grandes números.

 

La diferencia está en que se invirtió el orden y que en 2022 existió mayor diferencia entre ambos (2022: 6,2%. 2026: 1,9%).

 

Cuando vamos a la segunda vuelta, las abstenciones son las mismas en términos porcentuales, así que tenemos que suponer que se trata de comportamientos de época.

 

Los votantes de otros partidos no se vuelcan unánimemente a uno u otro partido y las encuestas sobre 2022 indican que Bolsonaro recibió un aporte mayor para la segunda vuelta que Lula. Lo que nos indica, es que si se repitieran ganaría fácil Bolsonaro.

 

¿Quiere decir esto que se van a repetir los comportamientos? Para nada, pero Lula corre de atrás.

 

Existe un análisis regional muy interesante, y es que, durante los últimos años, salvo en Méjico, El Salvador, Puerto Rico y Ecuador, siempre ganó la oposición. Es decir que los oficialismos, sean de derecha o de izquierda, no pudieron ser reelegidos. Esta afirmación está siendo presentada en diferentes ambientes periodísticos intentando generar un pronóstico sobre la Argentina.

 

Sorprende que no se vea con total claridad, en los diagnósticos periodísticos, la incidencia de los EEUU en la región.

 

 

 Rosado: gobiernos progresistas  -  Celeste: gobiernos de derecha

 

En el siguiente cuadro podemos ver claramente cómo varía la influencia sobre la región de los gobiernos de Donald Trump o Biden.

 

En celeste tenemos los gobiernos norteamericanistas. En rosado los nacionales y populares. Tenemos que tener muchos recaudos con esta categorización, porque las fronteras son tenues y algunos dicen ser una cosa y operan para los EEUU.

 

Cuando Trump dejó la presidencia en 2020 solo había 5 gobiernos progresistas en la región. Se aumentó a 10 durante el gobierno de Biden y nuevamente hoy, sufrimos un retroceso de los intereses populares quedando solo Guatemala, Méjico, Nicaragua y Uruguay, con un Brasil debatiéndose en su proceso electoral, resistiendo el ataque del gran poder capitalista concentrado.

 

Pareciera ser que el supuesto “carácter pendular” de la política en la región es más bien el resultado de la puja entre Demócratas y Republicanos. Es decir que, geográficamente, nuestro péndulo está en Washington.

 

Entonces, cuando varios analistas dicen que la suerte de la región depende de las elecciones de medio término de los EEUU, tienen razón. No sabemos exactamente en qué medida.

 

Y entonces, que podemos extraer de esta información.

 

Respecto de Brasil, que los resultados que vemos en las urnas se ven influenciados por operaciones que provienen del norte.

 

Que de la propia gestión puede no reflejarse en las urnas. Lula ostenta los mejores resultados económicos en años, pero no logran comunicarlo convenientemente a su electorado. Ni explicar lo que pueden llegar a perder si gana Bolsonaro.

 

Para Trump Brasil es un paso necesario para la frutilla del postre. MEJICO.

 

Respecto de la Argentina, primero que el año pasado ya tuvimos un ejemplo de cómo está operando Washington en la región. (Elecciones 2025)

 

Que las elecciones están aún demasiado lejos como para animarse a hacer pronósticos.

Que si gana Trump el ataque al peronismo va a ser furioso.

 

Qué si no se defienden los derechos adquiridos a lo largo de los años y las luchas, en la Argentina se va a vivir muy mal, como se vive en Paraguay, Ecuador o Panamá, donde las derechas gobiernan siempre.

 

Lo único que parece poder contrarrestar esta influencia es la movilización popular.

Una última reflexión final. Para los grandes grupos concentrados, Iberoamérica es solo un lugar donde buscar materias primas y tal vez algunos trabajadores del conocimiento a ser explotados. Es en su vinculación con los republicanos o los demócratas que vemos como aumentan o disminuyen las presiones sobre nuestras naciones para que sean solo protectorados.