Es miércoles 17 de octubre de 1945 y, desde temprano, algo se mueve en los barrios obreros del sur del Gran Buenos Aires. En Berisso y Ensenada los trabajadores de los frigoríficos dejan las faenas. En Avellaneda, Lanús y el Riachuelo, los metalúrgicos, textiles y obreros de la carne hacen lo mismo. Nadie tiene una orden escrita. Caminan, cruzan el Riachuelo y avanzan hacia el centro con una consigna: que aparezca Perón

La escena desconcertó a la prensa venal, al gobierno militar y a buena parte de la dirigencia política de entonces no sujeta a las formas. Para los trabajadores, en cambio, la lógica era simple: estaba en juego lo que habían conseguido en menos de dos años, y estaban dispuestos a defenderlo en la calle. Una nueva historia comenzaba.

 

Una semana de crisis

Perón había conducido la Secretaría de Trabajo y Previsión, desde donde impulsó convenios colectivos, vacaciones pagas, indemnizaciones, tribunales del trabajo y el reconocimiento de los sindicatos como interlocutores. Con el correr de los meses sumó la vicepresidencia y el Ministerio de Guerra del gobierno del general Edelmiro Farrell. Esa concentración de poder y su vínculo creciente con los gremios provocaron la reacción de sectores militares, de la oposición política y de las entidades empresariales. Veían a Perón como una amenaza.

 

semana de octubre día de la lealtad

La presión de los oficiales de Campo de Mayo y del general Eduardo Ávalos terminó en su renuncia el 9 de octubre. Al día siguiente, Perón se despidió desde la Secretaría de Trabajo ante una concentración de trabajadores. Pocos días después fue detenido y llevado a la isla Martín García. Para el movimiento obrero, la caída de Perón anticipaba el desmantelamiento de lo conquistado y no había que permitirlo.

 

Una CGT dividida y bases que se adelantan

El 16 de octubre se reunió el Comité Central Confederal de la CGT. Después de un debate de varias horas, se votaron dos mociones y se impuso, por 16 votos contra 11, la postura de declarar una huelga general de 24 horas para el jueves 18. El dato importa: la central obrera no estaba monolítica en su postura. Había quienes dudaban de comprometerse con un coronel en desgracia y quienes entendían que lo que estaba en juego era la continuidad de las conquistas.

Pero la movilización no esperó al calendario. Desde la tarde del 16, las bases empezaron a abandonar sus lugares de trabajo. Dirigentes como Cipriano Reyes, de los frigoríficos de Berisso, y referentes de gremios como Comercio, con Ángel Borlenghi, y los telefónicos, con Luis Gay, fueron parte de la trama organizativa que sostuvo la jornada. La huelga prevista para el 18 fue superada por una movilización que ya estaba en las calles el 17.

 

La Plaza

A lo largo del día, columnas de trabajadores fueron llegando a Plaza de Mayo desde distintos puntos del conurbano y de la ciudad. La Plaza se fue llenando de una multitud que las crónicas describen como inmensa, aunque las cifras varían según la fuente.

Frente a esa presión, el gobierno militar tuvo que ceder. Perón, que ya había sido trasladado desde Martín García al Hospital Militar, fue llevado a la Casa Rosada y negoció con el presidente Farrell.

 

Ya entrada la noche, Perón apareció en el balcón. Les agradeció su presencia, les pidió que regresaran en paz a sus casas y a sus tareas, y habló de un «renacimiento de una conciencia de los trabajadores», según el registro más difundido de su discurso. La jornada terminó con su liberación y con un nuevo actor político en el centro de la escena. Perón pudo asumir entonces la candidatura que lo llevaría a ganar las elecciones de febrero de 1946.

 

Lecturas históricas: una jornada, varios debates

La historiografía no coincide del todo sobre cómo leer el 17 de octubre. Hay quienes subrayan el papel de la vieja guardia sindical y de los dirigentes que, como Reyes o Borlenghi, vieron en Perón una oportunidad de institucionalizar derechos. Hay quienes destacan la irrupción de trabajadores recién incorporados a la vida urbana e industrial, y lecturas de matriz nacional y popular como la de Jorge Abelardo Ramos que ven en el hecho una irrupción de las masas en la política argentina. Estudios más recientes insisten en un punto que conviene no perder: el hecho central ocurrió en Buenos Aires y su conurbano, y no fue una movilización nacional uniforme. Para quien se forma como delegado, el valor de este debate está en entender que ninguna explicación única alcanza y que la verdad estuvo en el vínculo construido de Perón con su base.

 

De la Plaza a las herramientas de hoy

El 17 de octubre no fue un acto simbólico. Fue la defensa de derechos concretos, y su resultado se tradujo en normas. Ese mismo diciembre, la CGT, el sindicato de Empleados de Comercio y la Federación de Empleados Telefónicos volvieron a la Plaza para reclamar la sanción del decreto que instituyó el aguinaldo, que hoy cobra cada trabajador y trabajadora registrada. Muy pocos días antes de la movilización, el 2 de octubre, se había dictado el Decreto-Ley 23.852/45 de Asociaciones Profesionales, antecedente directo del modelo sindical de personería gremial y de la negociación colectiva que todavía estructura la tarea de las conducciones.

 

Detrás de esa arquitectura de derechos estaba, además, un lenguaje de justicia social que dialogaba con la tradición de la doctrina social de la Iglesia desde la Rerum Novarum: la idea de que el trabajo no es una mercancía y de que la dignidad del trabajador exige instituciones que la garanticen.

 

Para los delegados de hoy

La lección del 17 de octubre es, ante todo, organizativa. Los derechos conquistados no se sostienen solos: hace falta una red de trabajadores que los conozca, los reivindique y esté dispuesta a defenderlos. Ese día, la CGT debatió, dudó y votó dividida, mientras que los trabajadores de cada fábrica y cada barrio sostenían la jornada con su propia organización. El delegado de base es el primer eslabón de esa cadena: quien conoce a sus compañeros, sabe cuándo algo se rompe y puede convocar antes de que lo haga la conducción.

 

Cada vez que un delegado reúne a sus compañeros para defender un convenio, un aguinaldo o una paritaria, está ejerciendo una capacidad que se afirmó aquel miércoles de octubre. Esa capacidad se renueva cada vez que alguien la ejerce.

 

* Columnista de Mundo Gremial: «Memoria de Lucha: Archivo Vivo del Sindicalismo Argentino». Docente de la materia Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Departamento de Planificación y Políticas de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa)