El miércoles pasado, en nuestro programa de VISOR GREMIAL EN RADIO, en FM Ya, como conductor del mismo, tuvo la oportunidad, esta vez, de saldar una deuda que tenía pendiente, con el cineasta salteño, ALEJANDRO ARROZ. Siempre supe valorar a la gente que hace y está comprometido con el arte, especialmente el cine. Como son todos aquellos que, a través de su arte, son la expresión, la imagen y la voz de mucha gente de nuestra querida Salta; como que son, expresando un poco la voz, en este caso en particular, de su gente aquí en Salta. Por eso voy a poner a consideración de todos, un fragmento de la charla que mantuvimos con ALEJANDRO ARROZ.

En una de tus películas, de las muchas que hiciste, hay una que me tocó el corazón. Porque pocas veces se tocan cosas profundas de nuestra tierra profunda del país, de aquí en nuestra querida Salta. Sin embargo, perseguís un sueño, aunque no siempre podés contar con recursos como para llevarlo a cabo. Me parece que todo es sacrificio; todo es el día a día. Contame un poco sobre tu realización como LOS VILCAS
La idea de hacer el documental sobre Los Vilca Condorí nació hace varias décadas. Cuando participé, recién recibido de la carrera de cine, en la película La Deuda Interna, de Miguel Pereira, tuve un primer acercamiento a una historia vinculada con la Guerra de Malvinas.
Me tocó organizar el estreno de La Deuda Interna en Salta y, al finalizar una de las funciones, me encontré con Anastasio Vilca Condorí. Yo no lo conocía. Estaba llorando a la salida del cine, profundamente conmovido por la película.
Fue allí donde nos conocimos. En ese primer encuentro me propuso contar la historia de los tres hermanos Vilca Condorí en Malvinas. Eso ocurrió a comienzos de los años noventa. Después pasaron varios años. En ese momento yo no vivía en Salta y, cuando regresé definitivamente en 1994, seguí manteniendo el contacto con Anastasio y la idea del documental permaneció viva.
Finalmente, en 2013 se lanzó un concurso nacional llamado 30 años de democracia, cuyo jurado estaba presidido por el historiador Felipe Pigna. Ese fue el impulso que necesitábamos. Decidimos presentar el proyecto y, afortunadamente, obtuvimos el financiamiento nacional que nos permitió realizar el documental.
¡Que emoción fue saber que podrías comenzar a hacer realidad ese sueño de LOS VILCA CONDORI!!!
Era un proyecto muy difícil de realizar de manera independiente porque requería una producción importante. Tuvimos que viajar desde Salta hasta Queñual, en la alta montaña del departamento de Orán, pasando por San Andrés. También filmamos en Los Naranjos, en la ciudad de Orán y en la ciudad de Salta. Todo eso implicaba un presupuesto que hubiera sido imposible afrontar sin ese apoyo.
Haber ganado el concurso no solo nos permitió financiar íntegramente el documental, sino también darle una enorme visibilidad. Una de las condiciones era que los diez proyectos ganadores se estrenaran en horario central por la Televisión Pública Argentina, lo que hizo que el documental llegara a espectadores de todo el país.
Además, el espíritu del concurso tenía un profundo sentido histórico. Tanto el historiador Felipe Pigna, que presidía el jurado, como nosotros, compartíamos la idea de que la derrota en la Guerra de Malvinas fue uno de los hechos que precipitaron el fin de la última dictadura militar y abrieron el camino hacia la recuperación de la democracia. Esa mirada le daba un significado especial al concurso 30 años de democracia y encajaba plenamente con la historia que queríamos contar. Así fue como el proyecto terminó de tomar forma.
Seguro que, conociéndote, ya estás pensando en nuevos proyectos.
Ahora estamos trabajando en un proyecto más ambicioso, un largometraje que llevará por título Tres Hermanos en Malvinas. El desarrollo está bastante avanzado; lo que todavía no hemos logrado es reunir el financiamiento necesario. Con la situación actual, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales está prácticamente paralizado en cuanto al apoyo a nuevas producciones, por lo que estamos evaluando la posibilidad de buscar fondos internacionales.
Mientras tanto, seguimos avanzando. Continuamos filmando algunas escenas y desarrollando la investigación para que el proyecto no se detenga. En octubre voy a viajar a Ushuaia para realizar nuevas tomas. Es un lugar muy significativo para esta historia, porque fue el último sitio donde estuvo Mario Vilca Condorí antes de embarcarse en el ARA General Belgrano. Tenía apenas 16 años cuando murió en el hundimiento del buque. Entre el 5 y el 16 de octubre filmaremos allí, incluyendo una escena en el mar argentino que será muy importante para la película.
Lo que más me emociona es comprobar que el documental sigue teniendo vida después de tantos años. En las dos últimas ediciones de la vigilia del 2 de abril en Ushuaia, fueron los propios veteranos de la Guerra de Malvinas quienes eligieron proyectarlo como parte de la conmemoración. Para mí es un honor inmenso que sean ellos quienes hayan decidido que esta película los acompañe en la espera de una fecha tan significativa, antes del desfile y de los actos oficiales en homenaje a quienes combatieron en Malvinas.
Me emocionó este tema, sobre todo cosas tan sensibles por ahí, al interés nacional, al interés patriótico y, sobre todo, rescatar la grandeza de un chico que sale de la puna, quién diría, allá lejos, nadie lo conocía; nadie le daba ni 5 pesos por él, porque bueno, es de ahí, de aquel lado, capaz que si hubiese salido de otro lado, ya estaría como ahora, viste, con todos los videos y los tics y todo lo demás, sin embargo, silenciosamente entregó su vida en aras de una causa común de todos los argentinos.
Eso es bueno, pero muy caro; llevar adelante una actividad como la del cine acá en Salta.
Filmar en Salta siempre implica un desafío económico muy grande. La provincia tiene paisajes extraordinarios y una enorme riqueza cultural, pero muchas de las historias que queremos contar transcurren en lugares alejados, de difícil acceso, y eso incrementa considerablemente los costos de producción. Hay que trasladar equipos técnicos, personal, alojamiento, logística y, muchas veces, trabajar en condiciones climáticas complejas.
Hacer cine desde el interior del país exige un esfuerzo enorme, pero también implica un compromiso con las historias que merecen ser contadas. Muchas veces los recursos son escasos, pero la convicción de preservar nuestra memoria y nuestra identidad es lo que nos impulsa a seguir adelante.
Fuiste invitados a varios lugares del mundo por tus producciones.
Sí, he tenido la fortuna de recibir invitaciones para presentar mis trabajos en países como Sudáfrica, Marruecos, Cuba, Colombia, Brasil, España y Francia, entre otros. Para mí, el recorrido de una película no termina cuando finaliza el rodaje. Lo más importante es que encuentre a su público, que pueda seguir circulando, proyectándose en festivales, muestras, espacios culturales y canales de televisión.
Recuerdo especialmente el caso de Pallca, que hace algunos años fue seleccionada por el Gobierno de Chile para integrar una muestra itinerante que recorrió el país desde el extremo sur hasta Antofagasta. La película se fue proyectando ciudad por ciudad, y esa experiencia demuestra cómo una obra puede seguir generando nuevos encuentros y nuevas invitaciones mucho tiempo después de haber sido realizada.
Por eso considero que el apoyo público al cine es fundamental. No es una realidad exclusiva de la Argentina: en prácticamente todos los países con una industria audiovisual consolidada existen organismos públicos que financian la producción cinematográfica. Incluso en gran parte de Europa, muchas películas se realizan gracias a sistemas de fomento estatal o a fondos públicos. Llevar adelante una producción audiovisual de manera completamente independiente es muy difícil, especialmente cuando se trata de documentales o películas con un fuerte compromiso cultural e histórico.
Veo que muchas películas, que son financiados por organismos provinciales o de muchos países.
Así es. Creo que la cultura y el arte, y en este caso el cine en particular, necesitan contar con un respaldo sostenido por parte del Estado. No se trata solamente de financiar una película, sino de preservar la memoria, promover nuestra identidad cultural y generar las condiciones para que puedan contarse historias que, de otro modo, difícilmente llegarían a realizarse.
Muchas de las películas argentinas, y también varias producciones salteñas que han obtenido importantes premios y reconocimiento internacional, fueron posibles gracias al apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. Ese acompañamiento no solo beneficia a los realizadores, sino que fortalece a toda la actividad audiovisual, genera trabajo y permite que el cine argentino siga teniendo presencia y prestigio en el mundo.






