El Consejo Directivo analizó la reforma laboral, la marcha del 1° de mayo y la situación económica, en un encuentro atravesado por reclamos internos y broncas en aumento.

La conducción de la Confederación General del Trabajo (CGT) reunió este jueves a su Consejo Directivo en la sede de Azopardo, con presencia plena de sus integrantes y encabezada por el triunvirato conformado por Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello, en un encuentro que combinó análisis formal de temas urgentes con un trasfondo de preocupación creciente dentro de la central obrera.
La reunión tuvo como ejes el seguimiento de la situación judicial de la reforma laboral, el análisis del contexto social y económico, la organización de la movilización por el Día del Trabajador y cuestiones administrativas. Sin embargo, el debate dejó al descubierto tensiones más profundas vinculadas a la falta de una agenda política sólida y representativa de los problemas actuales de los trabajadores.
Según coincidieron fuentes consultadas, uno de los principales puntos de inquietud fue la «desconexión» -señalan los críticos- entre la dinámica de la conducción y el clima que se percibe en las bases. Despidos, suspensiones, paritarias con techo y el deterioro del sistema de salud sindical aparecen como preocupaciones centrales que algunos de los sectores más influyentes del movimiento obrero llevaron a la mesa.
El debate por las paritarias libres
En ese marco, la discusión sobre las paritarias ganó protagonismo y también dejó expuestas diferencias internas. Mientras algunos sectores -entre ellos el barrionuevismo y el transporte- impulsan la necesidad de instalar con fuerza el reclamo por paritarias libres como una bandera central de la CGT, otros espacios más dialoguistas relativizan esa postura y llaman a la prudencia. Argumentan que el contexto de recesión que atraviesan la mayoría de las actividades limita el margen de negociación y obliga a evitar posiciones que puedan tensar aún más la situación.
La imposibilidad de los acuerdos salariales de superar la inflación mes a mes y la consecuente pérdida del poder adquisitivo comenzaron a instalarse, de todos modos, como un eje ineludible. La discusión, lejos de saldarse, refleja un debate de fondo sobre el perfil que debe asumir la central en esta etapa.
El malestar, advierten, ya no es solo un diagnóstico interno. La bronca en las bases comienza a resonar con mayor intensidad en la dirigencia, que observa con preocupación un clima social cada vez más tenso y una demanda creciente de respuestas concretas.
CGT: Agenda sin peso político
En paralelo, también se cuestionó la orientación de la agenda política de la CGT. Puertas adentro, varios dirigentes la calificaron como “light” y sin el volumen necesario para incidir en el escenario actual. En ese sentido, la reciente reunión con la exlegisladora porteña Ofelia Fernández, enfocada en empleo joven, fue mencionada como un ejemplo de iniciativas que, si bien suman, no logran responder a las urgencias del presente.
“¿Cuál es la agenda política?”, fue una de las preguntas que sobrevuela al interior de la CGT. La sensación predominante, según reconstruyen fuentes gremiales, es que la central no está logrando instalar los temas prioritarios, en especial aquellos vinculados al salario y las condiciones de trabajo.
A este cuadro se suma la dinámica de reagrupamiento interno. Más allá de los gremios nucleados en el FRESU, comienzan a registrarse movimientos en otros sectores que buscan coordinar posiciones y endurecer posturas frente a un Gobierno que, entienden, no ofrece señales favorables ni para los trabajadores ni para el movimiento obrero organizado.
Se mantiene el equilibrio interno
Con todo, la CGT también exhibe un punto a favor en esta etapa. La nueva conducción logró sostener un equilibrio interno que, en la previa de su conformación, aparecía como difícil de alcanzar. El triunvirato integrado por Sola, Jerónimo y Argüello consiguió contener a las distintas vertientes sindicales y garantizar el funcionamiento de la central, un dato político no menor en un esquema históricamente atravesado por tensiones.
Ese equilibrio, sin embargo, convive con desafíos de mayor envergadura. La necesidad de construir una agenda clara, con capacidad de representar y canalizar las demandas urgentes de los trabajadores, aparece como una asignatura pendiente que comienza a generar ruido interno.
La reunión dejó, así, una postal dual: una conducción que logra sostener la unidad puertas adentro, pero que enfrenta crecientes cuestionamientos y diferencias sobre el camino a seguir en un contexto económico y social cada vez más complejo.
Fuente: Mundo Gremial






