Supongamos que vos sos un selenita, alguien que vino de la luna y aterrizó en la Argentina porque estaba fresco.

Te disfrazas de terrícola con tus poderes camaleónicos y salís a caminar por una ciudad, puede ser Buenos Aires, pero también Córdoba o Mendoza o Salta, cualquiera.
Como desde el aire viste una cruz en un techo te fuiste para allí a ver de qué se trataba. Hospital decía al frente, “hola como están” le decís al primero que ves. La señora te mira y se pone a llorar, “mal, muy mal, mi marido no tiene medicamentos y se muere de cáncer”, como vos sos de otro lado no sabés lo que son las lágrimas así que ni bola le das. Le preguntás a otro que no lloraba y te cuenta que hace 6 meses que está esperando una prótesis y que sigue en silla de ruedas.
Raro el vehículo, pensaste vos.
Seguís tu recorrido y pasás frente a un colegio, el humano que estaba en la puerta está preocupada y entonces vos continuas con tu encuesta, “¿qué hacen acá señorita?”
A lo que la persona muy disgustada dice; “ántes enseñábamos, pero ahora vienen con tanta hambre que les damos de comer”. Sorprendido seguís preguntando; “pero ¿cómo, no comen en sus casas?” a lo que la misma persona responde “no hay plata” y se manda para adentro.
Un grupo de terrícolas mucho más lentos, con bastones en las manos y carteles con leyendas que vos no entendés muy bien, algo así como “Milei basura”, entonces te acercás y los acompañas un poco; “a dónde van todos juntos”, la terrícola de pelo blanco, cara arrugada y ojos brillosos le dice que van a la plaza, a protestar porque no les alcanza para comer.
Subiste a la vereda y te encontrás con un señor terrícola con los brazos cruzados en la puerta de un lugar lleno de ropa y le preguntás; “hola señor”, ya sabías que se decía señor, “que hacen aquí” señalando la vidriera. “Ropa casual, para todos los días bien canchera, no como ese traje antiguo que lleva usted puesto, ¿de dónde lo sacó?” tiró.
Estuviste a punto de contestarle que del archivo histórico “100 años de soledad” que tienen en la Luna, pero te frenaste. “Y ¿qué hace en la puerta?” el vendedor abandonó su sonrisa, dejó caer los brazos y desconsolado le cuenta; “cállate flaco, que hoy ni abrí la caja, no vendí nada”. En la Luna también se compran y venden cosas, así que de eso sabías.
Seguiste tu caminata de investigación interestelar y te aborda un terrícola delgadísimo, con un atuendo muy particular de mil colores y lleno de espacios de aireación y te extiende la mano. No sabiendo que hacer vos también le extendés la mano y se la tomás, a lo que el delgado humano la retira algo asustado y pide, “fíjese en los bolsillos a ver si le queda alguna moneda”, pero tu atuendo no tiene bolsillos, no sabés que son y las monedas tampoco y seguís caminando mientras el señor flaco te dice cosas medio raras que tendrás que investigar cuando vuelvas a la nave; “¿qué será culiao? No lo tengo en el diccionario”
Te vas haciendo una pequeña idea de que la gente está muy mal, poca comida, poca alegría. ¿Pero, quienes están bien?
Con tu nave levantás vuelo y sobrevolás la ciudad buscando otro lugar y te encontrás con una casa sola, en medio de un parque gigante y decidís bajar.
Como la nave es transparente y no se vé, nadie se dá cuenta de que aterrizaste. (es un cuento eh) te acercás a lo que parece la escotilla de ingreso y hacés ruido para que venga alguien.
Un terrícola abre la escotilla, con una tohallita en la mano, secándose gotitas del líquido refrigerante que venía perdiendo por la frente y le pregunta que quiere, que él no creía en Dios y que los Testigos lo tenían harto. Claro, la ropa confundía un poco.
Lo miraste bien y seguiste con tu encuesta; “Hola, usted cómo está”
El terrícola resoplo y le contestó “a vos que te importa rarito de mierda, que venís por acá con tus preguntas, o vos crees que la gente de guita tiene tiempo para responder a tus pelotudeces, además de perder un millón de dólares con los Bitcoin te tengo que escuchar a vos. Tomátelas.” Y cerró la escotilla.
Volviste a tu nave invisible y mientras retomabas tu camino a la Luna escribías en tu informe holográfico Pobreza 99%; Oligarquía 1%. Y pensaste, “ya está, ya se viene la revolución”.






