Hasta los juristas más avezados se encuentran extraviados en este maremagnum jurídico de leyes ómnibus, decretos de necesidad y urgencia, y fallos judiciales de distintos tribunales.

La reforma laboral posible y necesaria es aquella que garantice la libertad sindical, que promueva la democracia interna, la transparencia y el federalismo.

Entramos al 2024 con una enorme incógnita sobre nuestras cabezas. Convengamos que siempre tuvimos alguna incertidumbre, pero esto se pasa de castaño obscuro.

Golpe contra la Constitución, atropello a los trabajadores y estafa electoral

“¿Cómo que no importa? Es lo único importante” me podrás decir. Es que desde hace tiempo que los discursos estos no tienen relevancia técnica, son solo emocionales.

Con gran hermetismo, los armadores del programa que llevará a cabo el próximo gobierno durante los próximos cuatro años vienen trabajando en lo que se ha dado en llamar "ley ómnibus". De acuerdo a los trascendidos, el tema central en materia laboral sería la sustitución del régimen de indemnizaciones por despido que se aplica en nuestro país desde hace más de 89 años.

Nuestra democracia, además de imperfecta, es enormemente compleja, como venimos comprobándolo en estos últimos 40 años. Sobrellevamos, sin atinar a resolverla, una catástrofe económica que nos tensiona y empobrece, y una crisis de representatividad que afecta, ciertamente, al mundo de las instituciones públicas, y a muchas de las organizaciones de la sociedad civil.

Cortito y al pié:

Hay millones de personas que dedican su tiempo y esfuerzo para ayudar a los demás sin esperar nada a cambio. Tienen lo que llamamos auténtica vocación de servicio y su principal motivación es transformar la realidad en beneficio de sus prójimos.

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